Feynan Ecolodge
Dana es un profundo valle en el desierto de Jordania que conecta el Mar Muerto con el Mar Rojo y ya en África, con el sistema del Gran Rift. Gracias a la humedad que entra del Mediterráneo, en esta Reserva de la Biosfera llegan a crecer las encinas y es el hábitat del gato de las arenas, el íbice de Nubia y la iguana de cola espinosa.
Asentado entre riscos, con el aspecto de un antiguo caravasar, nos recibe este ecolodge –uno de los 25 mejores del mundo según ‘National Geographic’– iluminado solo a la luz de las velas, sin apenas electricidad y sin cobertura alguna.
Construido con barro, según las técnicas ancestrales de edificación de caravasares, alberga 26 habitaciones que reproducen la auténtica vida en el desierto, en gran parte porque es un grupo de familias beduinas las dueñas y quienes te atienden.
Alojarse por dos noches en este establecimiento proporciona un silencio, una introspección y un sosiego tan reparador como necesario, que te servirá además para comprobar casi al instante nuestro poder de adaptación a geografías extremas. Una amplia cama con mosquitera, una jarra de agua sobre la mesa, un pequeño escritorio, un baño iluminado con bombillas de bajo consumo y una terraza desde la que ver el despertar del nuevo día puede ser lo único que necesites en esta vida.