No te defraudará en ningún momento este safari por el desierto del Kalahari. Será divertido ver asomar la cabeza a los inquietos suricatos en mitad de la planicie. Te maravillarán los bosques de retorcidos baobabs (uno de los cuales sirvió de oficina de correos no oficial para los exploradores del siglo XIX). Y resultará hipnótico contemplar los infinitos horizontes.
Donde hace miles de años se extendía un lago de mayor superficie que Suiza –el Makgadikgadi–, hoy es un conjunto de inmensos salares que, como por milagro, se cubren de agua durante la época de lluvias, surgiendo así islas de pastos que atraen infinidad de vida silvestre.
El río Boteti, un apéndice del delta del Okavango, llega hasta a sus orillas y en época seca, de mayo a octubre, se convierte en la única fuente de agua de la reserva, propiciando la migración de las cebras, una de las más multitudinarias del continente. En todo caso, cualquier época es buena para acercarse a este remoto confín de Botsuana, tantas veces omitido por el turismo oficial (sin duda otro de sus grandes atractivos).