Zagreb y los lagos de Plitvice

Viena, Budapest, Praga… y Zagreb. Si eres un apasionado de las grandes capitales centroeuropeas, por su pompa, barroquismo, sonido de violines y cafés humeantes, la capital de Croacia debería estar también en tu lista de viaje. A menudo llamada la “pequeña Viena” debido a la influencia cultural austro-húngara, concentra en la parte alta de la ciudad el poder político y religioso, y es por donde deberías empezar la visita.

¿Necesitas además una dosis de aire puro? Pon dirección al Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, más de 30.000 hectáreas de naturaleza impoluta. El paisaje kárstico que delinea aquí el curso del agua en terrazas, mediante una sucesión de cascadas, parece sacado de un viejo cuento. Abundan las hayas, entre las que se asoman abetos, en un territorio donde habita el ciervo, el esquivo lince y el cárabo de ojos escrutadores. Al final de la ruta contemplarás una cascada con una caída de 75 metros y oirás la estremecedora leyenda tras los nombres de los 16 lagos. Están puestos por los ahogados: el Gitano, la Abuela, el Pastor Mile…

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Trekking por los lagos de Plitvice

Múltiples rutas recorren las montañas que enmarcan los 16 manantiales de este parque natural de asombrosa belleza. Gracias a las pasarelas de madera podrás asomarte a sus lagos de aguas irreales, cayendo en cascada de uno a otro.

Visita a la “pequeña Viena”

El paseo por Zagreb comienza en la plaza San Marcos, sede del parlamento y a pocos pasos del Kaptol, centro católico del país, como atestiguan monasterios, iglesias y la catedral de la Asunción, cuyas torres espirales gemelas son visibles desde la lejanía. El recorrido continúa por el mercado Dolac al aire libre, el Teatro Nacional y el museo Mimara, del que sorprenderá la importante muestra de pintura española.

La ciudad del Barroco, la música y las flores

Así se conoce a Varazdin, ciudad a cien kilómetros de Zagreb y de porte aristocrático, que llegó a ser capital de Croacia pero por solo diez años. Su época de gran esplendor entre los siglos XVII y XVIII por la llegada de familias nobles y de los jesuitas pervive en iglesias, palacios y en el impotente castillo de Stari Grad. Apunta en la agenda su festival de música barroca y no dejes de visitar su cementerio.

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