Seychelles, un edén disperso en el Índico

Seychelles no es solo un archipiélago, es una colección de sueños flotando en el Índico. Más de un centenar de islas, algunas deshabitadas, donde la arena es tan blanca que parece luz en polvo y el mar se fragmenta en mil tonos de turquesa y jade. Es un lugar donde la naturaleza dicta el ritmo: tortugas gigantes que caminan con solemnidad, cocoteros inclinados como si buscaran sombra en el agua y granitos esculpidos por siglos de olas y viento.

Viajar a Seychelles es aprender a vivir despacio. Es despertarse con el rumor del mar, pasear por playas como Anse Lazio o Anse Source d’Argent —consideradas entre las más bellas del mundo— y perderse por senderos que atraviesan bosques de palmeras y plantas endémicas. Es navegar entre islas, detenerse a hacer snorkel en arrecifes llenos de peces tropicales, y terminar el día con un curry creole bajo un cielo estrellado.

Este archipiélago tiene algo de secreto: aunque es conocido como destino paradisíaco, aún guarda rincones salvajes y rutas donde sentir que el mundo es solo tuyo. Cada isla ofrece una personalidad distinta: Mahé con su vibrante mercado y montañas, Praslin con sus playas perfectas y la Vallée de Mai, y La Digue, donde el tiempo se mueve al ritmo de una bicicleta. En Seychelles, el lujo se mide en experiencias sencillas y paisajes que parecen irreales.

Viajar a Seychelles es aprender a vivir despacio. Es despertarse con el rumor del mar, pasear por playas como Anse Lazio o Anse Source d’Argent —consideradas entre las más bellas del mundo— y perderse por senderos que atraviesan bosques de palmeras y plantas endémicas. Es navegar entre islas, detenerse a hacer snorkel en arrecifes llenos de peces tropicales, y terminar el día con un curry creole bajo un cielo estrellado.

Este archipiélago tiene algo de secreto: aunque es conocido como destino paradisíaco, aún guarda rincones salvajes y rutas donde sentir que el mundo es solo tuyo. Cada isla ofrece una personalidad distinta: Mahé con su vibrante mercado y montañas, Praslin con sus playas perfectas y la Vallée de Mai, y La Digue, donde el tiempo se mueve al ritmo de una bicicleta. En Seychelles, el lujo se mide en experiencias sencillas y paisajes que parecen irreales.

Itinerario

Día 1 – España – Mahé

Vuelo internacional desde España con conexión habitual vía Dubái, Estambul o París.
Noche a bordo.

Día 2 - Llegada a Mahé

Mientras el avión se aproxima, las islas aparecen como manchas verdes y doradas flotando sobre un mar infinito.
Recepción en el aeropuerto internacional de Mahé y traslado a tu hotel boutique en la costa. Primer contacto con el paraíso: playa tranquila, palmeras que se inclinan sobre la arena y aguas templadas que invitan al baño.
Tarde libre para descansar y caminar por la playa mientras se pone el sol.
Cena ligera con pescado fresco y especias creole.

Día 3 – Mahé, mercado y playas secretas

Visita a Victoria, una de las capitales más pequeñas del mundo, con su mercado local repleto de frutas tropicales, pescados y especias.
Paseo por el Jardín Botánico y subida a miradores como Mission Lodge, desde donde se ven bahías y montañas cubiertas de selva.
Tarde en playas escondidas de la costa sur, como Anse Intendance o Anse Takamaka, donde la sensación de soledad es absoluta.

Día 4 – Mahé – Praslin

Traslado en ferry o vuelo corto a Praslin, la isla famosa por sus playas perfectas y su atmósfera relajada.
Paseo por el parque nacional Vallée de Mai, Patrimonio Mundial, hogar del famoso coco de mer y de aves endémicas como el papagayo negro.
Tarde libre en Anse Lazio, considerada una de las mejores playas del planeta.
El agua aquí parece cristal líquido y la arena es tan fina que cruje bajo los pies.

Día 5 – Excursión a Curieuse y St. Pierre

Salida en barco para visitar Curieuse, donde las tortugas gigantes pasean libres por la playa. Caminata suave por manglares y calas solitarias antes de un almuerzo tipo picnic.
Parada para snorkel en el islote St. Pierre, rodeado de corales y peces tropicales de colores hipnóticos.
Regreso a Praslin con el sol cayendo sobre el Índico.

Día 6 – Praslin – La Digue

Traslado en ferry a La Digue, la isla donde no hay coches y la bicicleta es el medio de transporte principal. Paseo por Anse Source d’Argent, la playa más fotografiada de Seychelles, con sus rocas de granito y aguas color esmeralda.
Resto del día para pedalear entre plantaciones de vainilla, pequeñas aldeas y calas escondidas.
Al atardecer, cena junto a la playa con marisco fresco y vino local.

Día 7 – La Digue – Mahé – España

Últimas horas para un baño matinal o una caminata por la playa antes de regresar en ferry a Mahé.
Traslado al aeropuerto internacional para vuelo de regreso a España.
Noche a bordo.

Día 8 - Madrid

Llegada.

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