Chiapas es una tierra generosa y un antídoto contra la tristeza. Te recibirán los patios floridos, las iglesias amarillas y los tejados rojos de San Cristóbal de las Casas. En el cementerio de la vecina San Juan Chamula cruces de colores sustituyen a las lápidas y dentro de su Iglesia de muros blancos, donde no se celebran ni bodas ni funerales, sino solo bautizos una vez al año, se festejan ritos que mezclan devoción católica y costumbres tzotziles.
En las calles de Chiapa de Corzo probarás el típico pozol, un refrescante bebida a base de maíz y cacao, el cochito horneado y sus virguerías reposteras (chimbos, suspiros, nuégados), a ser posible escuchando entre tanto el sonido de la marimba, el peculiar xilófono de sonoridades caribeñas que pone la BSO.
Para profundizar en la cultura tzotzil te animamos a conocer San Andrés de Larrainzar, corazón del movimiento zapatista y poco habituada a los turistas, donde aprenderás el proceso de elaboración de sus típicos brocados: el cepillado de la lana, el hilado del malacate y el manejo del telar de cintura. De Chiapa de Corzo, una pintoresca ciudad colonial de aire mudéjar, saldrá tu lancha al Cañón del Sumidero, donde habitan animales en peligro de extinción como cocodrilos de río, monos araña y ocelotes. Un último Pueblo Mágico en Chiapas que bien merece un viaje: Comitán de Domínguez, «la cuna de la independencia de Chiapas», al que muchos acuden por su arquitectura barroca y neoclásica, pero muchos más por su café –de producción local–, por sus bocadillos de patashete y por sus chicharrones y pellizcadas.
De Palenque solo verás el 2%, pues la selva ha ido devorando sin contemplaciones las espléndidas construcciones en piedra erigidas por los mayas. Y sin embargo aún es muchísimo lo que hay para ver, como el Templo de las Inscripciones, donde se descubrió la tumba de Pakal; el Palacio, con su colección de esculturas; y el Frontón, donde se celebraban los juegos de pelota. El Sendero, entre espesa vegetación, te conducirá hasta el baño de la reina, lleno también de enigmas sin resolver.
Itinerario
Día 1 – Ciudad de México - Tuxtla Gutiérrez
El viaje comienza en Tuxtla, desde donde todo se encamina hacia Chiapa de Corzo, un encantador Pueblo Mágico con aires mudéjares.
La plaza central, presidida por la Fuente Colonial de ladrillo rojo, está rodeada de portales con artesanos, dulceros y músicos. El sonido de la marimba acompaña mientras pruebas tu primer pozol, bebida fresca de maíz y cacao que resume el mestizaje cultural de la región. Entre calles coloridas y patios floridos, Chiapa de Corzo es la mejor puerta de entrada a Chiapas.
Día 2 – Tuxtla - San Cristóbal de las Casas
Por la mañana, las lanchas del río Grijalva se internan en el Cañón del Sumidero, un desfiladero que alcanza paredes de hasta mil metros de altura.
Garzas, cocodrilos y monos araña aparecen entre la vegetación que trepa por la roca vertical. Tras la emoción de navegar estas aguas profundas, comienza el ascenso hacia los Altos de Chiapas. La carretera serpentea hasta llegar a San Cristóbal de las Casas, ciudad de tejados rojos, iglesias coloniales y mercados rebosantes de textiles indígenas, que será tu base en la sierra.
Día 3 - San Cristóbal de las Casas
La mañana se dedica a recorrer San Cristóbal: sus iglesias barrocas, sus patios interiores repletos de buganvillas y el mercado donde se mezclan hierbas medicinales, chiles, frutas y tejidos multicolores. Luego, el camino conduce hasta San Juan Chamula, donde la vida espiritual desafía cualquier definición. En su iglesia blanca no hay bancos ni altares convencionales, sino un suelo cubierto de hojas de pino, velas encendidas en el suelo y rezos que se mezclan con cantos y sacrificios rituales. Afuera, el cementerio con cruces de colores muestra una concepción distinta de la muerte: un lugar donde la vida sigue en comunidad.
Día 4 - San Cristóbal de las Casas
Hoy el viaje penetra en un territorio menos visitado: San Andrés Larráinzar, centro cultural tzotzil y corazón del movimiento zapatista.
Aquí se aprende cómo la lana pasa por un largo proceso de cepillado, hilado y teñido con tintes naturales antes de transformarse en los brocados que identifican a la comunidad. Las mujeres en sus telares de cintura mantienen una tradición que es también resistencia cultural. El paisaje acompaña: montañas cubiertas de neblina y aldeas donde la vida sigue marcada por el ritmo de la tierra.
Día 5 - San Cristóbal de las Casas - Selva Lacaonda
Hoy comienza el cambio de escenario: dejas atrás San Cristóbal para internarte en la Selva Lacandona (unas 5 horas de carretera, con paradas).
Aquí se duerme en ecolodges sencillos pero con una experiencia única: rodeado de selva tropical, con el rumor de ríos y cascadas. Paseos por la tarde para descubrir comunidades lacandonas y quizá una caminata hacia ruinas escondidas como Bonampak y sus frescos mayas.
Día 6 - Selva Lacaonda - Palenque
Tras la experiencia selvática, continúas hasta Palenque (3-4 horas de trayecto).
Al llegar, primera toma de contacto con la ciudad y, si queda tiempo, una visita a las cascadas cercanas de Agua Azul o Misol-Ha, donde el agua turquesa contrasta con la jungla.
Día 7 - Palenque - Villahermosa - Ciudad de México
Madrugar en Palenque tiene recompensa: recorrer con calma el Templo de las Inscripciones, el Palacio o el Juego de Pelota entre la selva aún envuelta en brumas.
El canto de los monos aulladores acompaña la visita, recordando que este fue uno de los grandes centros del mundo maya.
Después os encaminareis a Villahermosa para tomar el vuelo de vuelta a Ciudad de México.
** Este itinerario combina muy bien con 48h en Ciudad de México.