El estado de Jalisco es la cuna de los dos grandes tópicos mexicanos: el mariachi y el tequila. Pero no lo reduzcamos a tan poco y apuntemos y resaltemos sus otras muchas virtudes. Empecemos por su capital, Guadalajara, la segunda ciudad más grande del país, que agobia menos que el DF y su casco histórico de origen colonial está declarado Patrimonio Mundial por la Unesco.
La costa, que se extiende por la Riviera de Nayarit, ofrece una mejor relación calidad-precio y una experiencia más “mexicana” que la hoy muy turística Riviera Maya. También le gana en términos de exclusividad a través de la oferta de resorts y campos de golf de la península privada de Punta Mita, y sin duda por la calidad de sus playas si nos atenemos a las que encontramos en torno a los spot surferos de San Pancho y Sayulita.
Los orgullosos tapatíos, como se conoce a los 4.5 millones habitantes de Guadalajara, los encontrarás siempre deseosos de mostrar lo mejor de su ciudad. El centro histórico es majestuoso, como demuestran su catedral de dos torres y el laberíntico Mercado San Juan de Dios, el mercado interior más grande de Latinoamérica. El Hospicio Cabañas, un antiguo orfanato con murales ardientes de José Clemente Orozco, junto con el imponente arco de piedra del distrito de Zapopan y la grandiosa basílica del siglo XVII, son otros motivos para sacar pecho. En Tlaquepaque y Tonalá, dos barrios de la ciudad congelados en el tiempo, te animamos a que explores sus bodegas y mercadillos en busca de la mejor artesanía.
Itinerario
Día 1 - Ciudad de México – Guadalajara
Vuelo temprano a Guadalajara desde Ciudad del México.
Apenas una hora de trayecto. Al aterrizar, la ciudad se abre con un centro histórico vibrante: la catedral de torres gemelas, el Teatro Degollado y las plazas arboladas invitan al primer paseo.
Por la tarde, el Hospicio Cabañas deslumbra con los murales de Orozco, entre los más impactantes del continente. La jornada concluye al ritmo de mariachis en la Plaza de los Mariachis, donde la música se mezcla con el aroma a birria y tortas ahogadas.
Día 2 - Guadalajara:
El día comienza en Tlaquepaque, con sus casonas llenas de talleres de vidrio soplado y galerías de cerámica.
Más adelante, Tonalá sorprende con mercados de artesanos que parecen detenidos en el tiempo. Tras un almuerzo típico, se explora el Mercado San Juan de Dios, un auténtico laberinto de puestos donde se venden desde dulces típicos hasta discos de rancheras.
La tarde se dedica a Zapopan, con su monumental arco y la basílica del siglo XVII, epicentro de la fe jalisciense.
Día 3 - Guadalajara: La ruta del tequila
El paisaje de agaves azules escolta la carretera hasta llegar al pueblo mágico de Tequila.
Allí, la visita a una destilería revela la alquimia detrás de la bebida más célebre del país. Entre hornos de piedra, jimadores y barricas, se saborea la tradición antes de recorrer la plaza central y sus portales.
El regreso a Guadalajara ofrece tiempo para una cena más sofisticada en Chapultepec, donde la gastronomía contemporánea reinventa los sabores de Jalisco.
Día 4 - Guadalajara - Riviera Nayarit
La carretera conduce hacia el oeste, atravesando montañas y valles hasta alcanzar la Riviera Nayarit.
En Sayulita, el ambiente es bohemio: calles empedradas de colores, surfistas en la playa y boutiques artesanas.
Tras el almuerzo, la tarde se entrega al mar, ya sea en tabla o bajo la sombrilla.
Muy cerca, San Pancho se muestra más tranquilo, ideal para un atardecer con cerveza fría en la mano.
Día 5 - Riviera Nayarit - Puerto Vallarta - Ciudad de México
El último día invita a explorar Punta Mita, península privada donde resorts de lujo conviven con playas desiertas. Una excursión en lancha a las Islas Marietas permite bucear entre peces de colores y descubrir la escondida Playa del Amor, uno de los secretos mejor guardados del Pacífico mexicano. Después del almuerzo junto al mar, regreso a Puerto Vallarta para volar de vuelta a Ciudad de México.
** Este itinerario combina muy bien con cualquier otro de México.