La capital de Perú siempre se consideró un lugar de paso hacia Cuzco y Machu Picchu, pero la gastronomía ha sabido darle un sitio en el mapa turístico. Con algunos de los mejores restaurantes del mundo entre sus estrellas gastronómicas y con deliciosas cevicherías por doquier, ha aprovechado para sacar a relucir otros muchos atractivos más allá del centro histórico virreinal (siempre imprescindible, todo sea dicho).
Esos otros ‘ganchos’ son los barrios de Miraflores y Barranco, de empaque señorial el primero, de ambiente bohemio el otro, conectados por románticos paseos al borde del acantilado. Lo son también las colecciones “sorpresa” de los museos Larco Herrera, Casa Aliaga y MATE, así como los mercados de artesanía, las nuevas propuestas de moda local y sus galerías de arte. Lo dicho: no hace falta salir disparado hacia los Andes. Lima merece toda tu atención, aún más si consideramos su renovada oferta hotelera.