Es el destino de playa más alternativo de Perú, donde solo encontrarás peruanos de vacaciones y algún viajero norteamericano, como tú, en busca de rincones sin expoliar por el turismo internacional. El ambiente del propio pueblo de Máncora es surfero y mochilero y a las afueras, junto a la playa, aguardan pequeños hoteles ‘boutique’ y recogidas y sorprendentes villas de alquiler (pregunta por disponibilidad).
Sus aguas entre verdiazul y turquesa –depende de la época del año– son más cálidas que al sur del país, y eso explica en gran parte que guste tanto a los limeños venir hasta aquí. Siguiendo una constante de la geografía de Perú, la costa es relativamente árida y para humedecerte tendrás que poner rumbo al interior, en concreto a un santuario verde como el Parque Nacional Cerros de Amotape, una de esas joyas naturales que aún esconde Perú. Atención también a su despensa marítima. La confluencia de la corriente fría de Humboldt y caliente del Niño, hace que abunden todo tipo de especies de pescado y eso se traduce en deliciosos ceviches.