Luang Prabang 48H

Parece que Buda protege Luang Prabang, impidiendo que entren los demonios que han asaltado otras ciudades del sudeste asiático. Ni hay masificación ni frenesí en esta ciudad declarada Patrimonio Mundial por la Unesco donde la petanca fue el deporte rey (Francia colonizó el país en el pasado) y el trato por parte de la población local al viajero es exquisito, muy suave en las formas y casi siempre con una sonrisa enmarcando el rostro. 

La antigua capital del reino de Laos –de apenas 80.000 habitantes– también se aprovecha de su posición sobre una alargada y estrecha lengua de tierra para no seguir creciendo; sus límites son obvios y además le confieren una particular belleza. A un lado fluye el denso Mekong; al otro, discurre, también cargado de agua, el Nam Khan. Y de fondo, la selva. Así no hay quien asalte su proverbial paz, pero descuida que hay preparadas las suficientes actividades para que tampoco te adormiles demasiado.

Itinerario

Día 1 – Luang Prabang

Llegada a Luang Prabang, antigua capital real de Laos, rodeada por los ríos Mekong y Nam Khan.
Comienza el día explorando el mercado matinal, donde los locales acuden a comprar frutas tropicales, hierbas y especialidades típicas. Pasear por sus puestos es una inmersión directa en la vida cotidiana.

Después, visita al Palacio Real, convertido en museo, para conocer la historia de la ciudad y sus últimos monarcas. Desde allí, camina hacia el Wat Xieng Thong, el templo más importante y bello de Luang Prabang, con sus techos dorados y mosaicos detallados.

Al mediodía, almuerza en un restaurante junto al río Mekong antes de salir en barco hacia las cuevas de Pak Ou, un lugar sagrado donde cientos de estatuas de Buda se acumulan desde hace siglos.
De regreso, detente en una aldea ribereña para conocer la elaboración artesanal del papel de arroz y el tradicional licor de arroz, la lao-lao.

Al atardecer, sube al Monte Phousi para contemplar la puesta de sol sobre los dos ríos y la selva circundante, una de las imágenes más icónicas de la ciudad.
Cena en el mercado nocturno, entre farolillos y puestos que ofrecen platos típicos como sopa khao soi o brochetas de pescado fresco.

Día 2 – Luang Prabang

Antes del amanecer, participa en la ceremonia del tak bat, donde cientos de monjes desfilan en silencio para recibir ofrendas de arroz de los habitantes locales, una tradición profundamente espiritual.
Tras el desayuno, excursión a las cataratas de Kuang Si, a unos 30 km de la ciudad. Sus piscinas naturales de agua turquesa son ideales para un baño refrescante. En el camino, puedes visitar el centro de rescate de osos y algunas aldeas de minorías étnicas.

Regreso a Luang Prabang para almorzar y disfrutar de unas horas libres paseando por sus calles coloniales, galerías de arte y cafés junto al río.

Por la tarde, relájate con un masaje tradicional laosiano o toma una clase de cocina para aprender a preparar platos locales.
Última cena frente al río Mekong, disfrutando de la calma que caracteriza a esta ciudad.

** Este itinerario se integra a la perfección con otros recorridos por el país o la región.

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Planes

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Ofrenda matutina a los monjes budistas

Con la primera luz del día los monjes salen en procesión de los templos para pedir limosna en las calles. Es la ceremonia del Tak Bat. Al hombro llevan colgando una canasta en la que los fieles depositan la comida. El viajero también puede participar en la ceremonia y contribuir a la alimentación de los novicios.

Acaricia un elefante

El proyecto Elephant Village tiene por objetivo cuidar a elefantes maltratados o huérfanos, cuya población ha caído en precipitado descenso en las últimas décadas. Para sufragar sus gastos, se permite estar junto a ellos, acariciarlos, darles de comer… Pero no pasear a lomos de ellos, pues les resulta muy doloroso.

Baño en las cascadas de Kuang Si

El mejor remedio para aliviarse del sofoco de Luang Prabang es poner rumbo a las montañas y sumergirte en las pozas y cascadas que forma el río Kuang Si. A una hora en furgoneta y escondidas entre el arbolado, refulgen con su profundo color azul turquesa y mantienen una temperatura ideal para el baño.

Que Buda te bendiga

Un monje te recibirá en privado para llevar a cabo la ceremonia de la bendición con todo el recogimiento debido. Es imprescindible acudir con la ropa adecuada, con los hombros y las rodillas tapadas. Otra opción: la ceremonia Baci de pureza y buena suerte.

Puesta de sol en lo alto

Exige subir unos cuantos peldaños, 355, pero el atardecer que depara el sagrado Mount Poushi resulta ineludible. El sol en retirada tiñe de una mística especial a Luang Prabang, que se observa casi por completo desde ahí arriba, con el Mekong discurriendo de fondo.

Navegación a la cueva de los mil Budas

Disfrutemos de un tranquilo paseo en un alargado bote por el Mekong hasta las cuevas de Pak Ou, poblada con decenas de miniaturas de madera de Buda, que lo mismo rezan, se recuestan, dan clases, meditan que alcanzan el nirvana. De vuelta, una buena idea es detenerse en una islita fluvial para disfrutar de un picnic bajo una sombrilla.

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