Viena, Budapest, Praga… y Zagreb. Si eres un apasionado de las grandes capitales centroeuropeas, por su pompa, barroquismo, sonido de violines y cafés humeantes, la capital de Croacia debería estar también en tu lista de viaje. A menudo llamada la “pequeña Viena” debido a la influencia cultural austro-húngara, concentra en la parte alta de la ciudad el poder político y religioso, y es por donde deberías empezar la visita.
¿Necesitas además una dosis de aire puro? Pon dirección al Parque Nacional de los Lagos de Plitvice, más de 30.000 hectáreas de naturaleza impoluta. El paisaje kárstico que delinea aquí el curso del agua en terrazas, mediante una sucesión de cascadas, parece sacado de un viejo cuento. Abundan las hayas, entre las que se asoman abetos, en un territorio donde habita el ciervo, el esquivo lince y el cárabo de ojos escrutadores. Al final de la ruta contemplarás una cascada con una caída de 75 metros y oirás la estremecedora leyenda tras los nombres de los 16 lagos. Están puestos por los ahogados: el Gitano, la Abuela, el Pastor Mile…