Estambul 48H

Consabido encuentro de Oriente y Occidente, Estambul son varias ciudades al mismo tiempo. Lo mismo te encuentras en París (Nisantasi), que en Bagdad (Sultanahmet), que en Nápoles (Galata) o hasta en las propias Ramblas, pues son tantas las cosas que tiene la famosa avenida barcelonesa con la calle peatonal de Istiklal. Sobre esta concepción de la ciudad conviene planificar la visita, porque así sabremos a qué atenernos en cada lugar, con los oportunos cambios de vestimenta y hasta de actitudes.

Itinerario

Día 1 – Madrid - Estambul

Vuelo desde Madrid con llegada a Estambul por la mañana. Traslado al hotel y breve descanso antes de comenzar las visitas.
Por la tarde, paseo por la zona de Sultanahmet, el corazón histórico de la ciudad, donde se concentran algunos de sus grandes monumentos. Visita a Santa Sofía, antigua basílica bizantina convertida en mezquita, y a la Mezquita Azul, con sus seis minaretes y su interior cubierto de azulejos.
Continuación hasta el Gran Bazar, un laberinto de callejuelas donde se venden alfombras, especias, joyas y artesanías.

Día 2 – Estambul

Por la mañana, recorrido por el Palacio de Topkapi, antigua residencia de los sultanes otomanos, con sus patios, salas y el famoso Tesoro Imperial.
Después, traslado al barrio de Galata, donde la Torre Galata domina el paisaje. Paseo por sus calles empinadas llenas de cafés y galerías.
Cruce hacia la parte moderna de la ciudad para recorrer Istiklal Caddesi, la gran avenida peatonal que recuerda a las Ramblas de Barcelona, llena de tiendas, librerías y bares.
Por la tarde, paseo en barco por el Bósforo, desde donde se aprecian los palacios, mezquitas y puentes que unen Europa y Asia.

** Este itinerario se integra a la perfección con otros recorridos por Turquía

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Planes

DISEÑADOS PARA DISFRUTAR DE ESTE DESTINO

Un largo paseo por la avenida de Istiklal

Es la calle más famosa de Estambul, tres kilómetros peatonales desde la plaza de Taksim hasta la Torre de Gálata surtidos de bares, restaurantes, tiendas… ¿Muy turística? Quizá, pero no podemos evitarla si queremos conocer el antiguo barrio de Pera, además de que nos servirá para orientarnos y conserva bellos ejemplos de la arquitectura turca del siglo XIX. Las sorpresas, en todo caso, nos aguardan en sus callejuelas aledañas.

Travesía por el Bósforo

Aunque dan ganas de no dar el gusto a los vendedores de cruceros, de tan insistentes, una travesía por el Bósforo resulta ineludible. Sin este canal no se entiende Estambul ni su historia. Además, es en su ribera donde muestra su gran esplendor, pues las mansiones se suceden una detrás de otra, hasta el punto de que muchos de sus pueblitos no desentonarían en la Costa Azul francesa. Le pasa a Bebek, donde se reúnen las clases adineradas para comer los domingos.

Viaje a París

Si te limitaras a moverte solo por la calle Abdi İpekçi y te dijeran que estás en la capital de Francia, colaría. El barrio de Nisantasi es el más occidentalizado y elegante de Estambul; apenas se ven jiyabs y en los bajos de los edificios decimonónicos se suceden los bistrós y las tiendas de marcas de lujo. Bajando, a orillas del Bósforo, se cita por la noche en un ambiente de refrescante libertad la ‘crème de la crème’ de la ciudad.

Relajarse en el hammam

De origen romano, la tradición de los baños de vapor mantiene su plena vigencia en Estambul. Prueba de ello es el cuidado con el que se mantienen activos los viejos hammam públicos. Son, a su vez, los más baratos y están debidamente separados por sexos, siendo mucho más opulentas las estancias para los hombres. En los hoteles de cinco estrellas podremos recibir los tratamientos en pareja en un ambiente más sofisticado.

Piérdete en El Gran Bazar

Es un inmenso laberinto de callejuelas donde los lugareños siguen viniendo a hacer la compra. La calidad se encuentra en los productos de algodón, como las batas de hammam. Regatea, pero sin llegar a las manos. Este es un recinto donde impera la educación (no se atosiga al cliente) y hay orden y limpieza. El vecino Mercado de las Especias, por contra, resulta más caótico y embriagador.

La ruta de las mezquitas

Se dice que sumando todas las de la ciudad son más de mil. Pero son cuatro las que se llevan todas las atenciones. Santa Sofía fue el gran templo de la cristiandad durante el imperio bizantino. En cuanto los otomanos entraron, la “convirtieron” y, con buen ojo, la usaron de modelo de las que levantaron después, siguiendo su característica forma de cruz griega. Es el caso de la Mezquita Azul y la de Suleymaniye, vecinas en el barrio de Sultanahmet. La de Ortakoy, junto al Bósforo, no tiene nada que ver: es un pasote barroco.

La cisterna catedral

Ningún depósito de agua fue tan espectacular. Con sus 336 columnas, la Cisterna Basílica (Yerebatan Sarnıcı) tiene hechuras propias de templo o catedral, y detalles tan cautivadores como las bases de dos columnas que reutilizan sendos bloques tallados con el rostro de Medusa. Construida en época bizantina, sirvió para calmar la sed en más de un asedio.

Cihangir bohemio

Situado dentro del distrito de Beyoglu, este barrio con vistas al Bósforo congrega a artistas, escritores, actores, expatriados y, en general, a todo aquel que no está muy contento con los actuales derroteros políticos del país. Esta “actitud” se traslada a sus locales a pie de sus estrechas y empinadas calles, donde descubrirás divertidos anticuarios y pequeñas galerías de arte.

Esplendor palaciego

El gran sultán es la figura alrededor de la cual ha surgido gran parte de Estambul, pero la verdad es que prefería vivir ajeno al día a día de la ciudad, recluido en sus palacios. Tras la toma de la ciudad, los primeros siglos los pasó en Topkapi, que es la suma de muchos edificios. Curiosamente, lo que mejor se conserva son los platos de porcelana china que se traían a través de la Ruta de la Seda. Con la irrupción del siglo XIX, los mandatarios turcos quisieron equipararse a la realeza europea hipotecándose hasta lo indecible para construir el palacio de Dolmabahçe, tan rococó como el de Sissi Emperatriz y de nuevo con un grandioso harén, pero que no lo parece. En su dormitorio más humilde falleció Atatürk, fundador de la Turquía moderna. Si aún queremos más palacios, del lado asiático se erige el de Beylerbeyi, de la misma época que el anterior y más acogedor, al servir de residencia de verano.

 

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