Costa Rica, Santa Teresa

Hotel Flor Blanca

Se llama así por la fragante flor del juche, árbol que crece en su jardín. Aunque puede resultar muy osado llamarlo así, pues en realidad sus 11 villas se camuflan entre la selva. Y ese es precisamente uno de los grandes atractivos del establecimiento: su aislamiento. Lo encontrarás a un kilómetro de Santa Teresa, en la carretera llena de baches que lleva a Hermosa.

Tras el refrescante trago de agua de coco que se sirve de bienvenida, un sinuoso sendero flanqueado de la flor del ave del paraíso, donde seguro que te encuentras con más de una iguana, lleva hasta las habitaciones. La privacidad es tal que medio cuarto de baño se encuentra al aire libre, con la ducha ‘outdoor’ separada de la bañera de piedra tallada. Algunas villlas disponen de un dormitorio adicional con dos camas individuales.

En la terraza encontrarás una cómoda hamaca y se dan instrucciones específicas para usar la llave del minibar, no sea que los animales lo abran y se sirvan por sí mismos (tal cual). Lámparas colgantes de papel con forma de nido de pájaros, fabricadas en la cercana Punta Islita, iluminan la villa por la noche. En el centro del complejo, también escondidos, encuentras el restaurante y la zona de la piscina, el spa y el gimnasio, con vistas a la playa, donde se pueden recibir clases de yoga al alba.