Hotel Sin Nombre
Su nombre es audaz –y en Noland nos encantan los nombres audaces– y toda la propuesta hotelera lo es, pero partiendo de excelentes mimbres. Para empezar el propio edificio, una casona del siglo XVII en pleno centro de Oaxaca, a pocos pasos de sus grandes monumentos: el Zócalo, la Catedral y la Alameda de León.
El eje central de este establecimiento minimalista y de blanco impoluto es un gran patio central donde se conservan contundentes elementos arquitectónicos originales, como los techos abovedados, los muros –tratados siguiendo los procesos ancestrales de la pintura con carbón, cal y barro molido– y la escalinata central, que enmarca la obra textil del artesano Rey David, comisionada para este espacio.
Además, decoran los espacios comunes obras de artistas comunes como las fotografías de desnudos en blanco y negro de Alberto “El Negrito” Ibáñez y neón de Sabino Guisu. Las 22 habitaciones están cuidadosamente decoradas con piezas antiguas y mobiliario fabricado con maderas tropicales provenientes de aserraderos certificados.
El Restaurante Sin Nombre, la propuesta culinaria del chef Israel Loyola, aúna, de manera vanguardista, la tradición gastronómica de diversas comunidades de la región con recetas veganas preparadas con ingredientes de temporada y de cultivo orgánico. A destacar también la piscina de la azotea, con su privilegiada vista de los tejados de Oaxaca tiñéndose de rojo al atardecer.