Hay razones obvias para volar al archipiélago de Bocas del Toro desde Ciudad de Panamá o cruzar por carretera desde el Caribe costarricense: sus playas (playa Escondida y playa Bluff se encuentran entre las más famosas de Panamá), sus resorts y sus aguas turquesas.
Pero sería reduccionista ceñirse a esta imbatible tríada. Ampliemos el catálogo hacia su otro gran atractivo: las más de 13.000 hectáreas de la reserva marina Isla Bastimentos, que protegen 130 islas y cayos coralinos donde puedes sufrir de ansiedad de tanto que tienes para mirar con una gafas de bucear, mientras que tierra adentro podrás observar monos, perezosos, caimanes, cocodrilos y 28 especies de anfibios y reptiles.
Y añadamos a todo esto el cóctel étnico y cultural que da tanto sabor a sus islas. Indígenas de la etnia Ngobe Buglé conviven con descendientes de esclavos y ahora también hasta chinos. La globalización, claro, llega a todas partes.
Itinerario
Día 1 - Madrid - Ciudad de Panamá
A la hora prevista presentación en el aeropuerto de Madrid Barajas para volar a Ciudad de Panamá.
Un vuelo directo conecta Madrid con Panamá en unas 10 horas. La llegada es por la tarde, suficiente para instalarse en la capital y dar un primer paseo por la Cinta Costera, esa avenida junto al mar donde la ciudad se abre al Pacífico con el skyline iluminado. La primera noche es para adaptarse al ritmo tropical.
Día 2 - Ciudad de Panamá - Bocas del Toro
En apenas una hora desde la capital se aterriza en Bocas del Toro, un archipiélago que parece un mundo aparte. Instalación en el hotel y primeras horas de playa: arena blanca, mar turquesa y la sensación de haber cambiado de escenario radicalmente. Atardecer frente al Caribe y cena sencilla con pescado fresco.
Días 3 - Bocas del Toro
El día comienza con un corto trayecto en lancha y la promesa de arena blanca y aguas turquesa. Playa Escondida hace honor a su nombre: apartada, íntima y con la sensación de estar en un rincón secreto del Caribe. Aquí el tiempo se mide en baños tranquilos y momentos de absoluta calma bajo la sombra de las palmeras. Es el lugar para leer, descansar o simplemente contemplar cómo las olas llegan con suavidad.
Por la tarde, el contraste lo pone Playa Bluff, un arenal inmenso que se abre sin fin frente al Atlántico. Sus olas, potentes y salvajes, dibujan un paisaje distinto: aquí se viene a caminar kilómetros junto al mar, a sentir el viento y la fuerza de un Caribe menos domesticado. Entre ambas, se descubre la dualidad de Bocas: intimidad y aislamiento en un extremo, grandeza y energía en el otro.
Día 4 - Bocas del Toro
La excursión a Isla Bastimentos revela otra dimensión del archipiélago. Bajo el agua, la reserva marina despliega un universo coralino: abanicos de colores, bancos de peces y tortugas que se mueven lentas entre arrecifes. El snorkel aquí no es solo una actividad, es una inmersión en un mundo paralelo.
En tierra firme, senderos de selva atraviesan manglares y bosques tropicales. El visitante comparte camino con monos aulladores, perezosos que se esconden entre las ramas y las famosas ranas rojas, pequeñas y brillantes como gemas vivas. Bastimentos combina lo mejor de dos mundos: la riqueza submarina y la biodiversidad terrestre, todo envuelto en un ambiente aún auténtico, donde el turismo convive con comunidades locales que mantienen tradiciones caribeñas y afroantillanas.
Día 5 - Bocas del Toro
El archipiélago se entiende de verdad navegando. Una lancha recorre cayos y pequeñas islas que parecen salpicadas al azar en aguas cristalinas. La jornada es un ir y venir entre paradas: una playa desierta para nadar, un cayo rodeado de estrellas de mar, un islote donde las palmeras parecen crecer directamente del mar.
En el camino, se visitan comunidades donde conviven descendientes de africanos, indígenas Ngäbe-Buglé y nuevos habitantes llegados de todas partes. El resultado es un mosaico cultural tan vivo como el natural. Almorzar pescado fresco en una cabaña sobre el agua y seguir navegando entre arrecifes resume el espíritu de Bocas: un lugar donde cada isla guarda un ritmo distinto y donde la mezcla de culturas aporta tanto sabor como la mezcla de colores bajo el mar.
Día 6 - Bocas del Toro - Ciudad de Panamá
La mañana comienza con un vuelo de regreso desde Bocas del Toro a la capital. En apenas una hora, la geografía cambia: de islas coralinas a rascacielos que se elevan frente al Pacífico. Tras dejar el equipaje en el hotel, el primer destino es inevitable: el Canal de Panamá. Ver cómo se abren las esclusas de Miraflores, y cómo mastodontes de acero cruzan de océano a océano, es un espectáculo tan técnico como hipnótico.
De allí, la tarde se dedica al Casco Viejo, el corazón colonial de la ciudad. Calles adoquinadas, plazas con sabor europeo y fachadas restauradas conviven con cafés de diseño y terrazas en azoteas. Al caer el sol, nada como brindar con un cóctel frente a la bahía, con el skyline iluminado como telón de fondo, para despedir el viaje con la mezcla perfecta de historia y modernidad que define Panamá.
Día 7 - Ciudad de Panamá - Madrid
Mañana libre para un último paseo por el Casco Viejo o alguna compra ligera en el mercado de artesanías.
Traslado al aeropuerto y vuelo de regreso a Madrid.
Noche a bordo.
Día 8 - Madrid
Llegada. Snif…