La región india de Ladakh es otro planeta. Atravesada por las aguas turquesas del río Indo, es un escenario de calma y sosiego donde el budismo levantó imponentes monasterios para alejarse de toda tentación mundana, pero donde también se celebran coloridos festivales de música y danza en vivo contraste con el árido paisaje.
Su capital, Leh, se eleva a más de 3.500 metros de altitud. Es un modesto conjunto de casas de ladrillo con techos planos y ventanas de madera ornamentada a los pies del altivo palacio real y la fortaleza de estilo tibetano. Integrada en el estado indio de Jammu y Cachemira, el Tíbet se encuentra al otro lado de la frontera con China y es con este basto territorio chino con el que se encuentra culturalmente ligado. Visitaremos los mercados de los refugiados tibetanos, merodearemos por sus estrechas callecitas y el día culminará con una espectacular puesta de sol desde la estupa de Shanti, con las montañas del Trans-Himalaya de fondo.
Desde Leh seguirás caminos de tierra entre montañas de vértigo que te conducirán, atravesando valles tallados por el agua de ríos y arroyos, hasta un paisaje que podría ser la misma luna. Descendiendo o remontando el valle del Indo visitarás asombrosos monasterios, como el Thiksey, un complejo escalonado sobre una colina que custodia un Maitreya Buda de 30m, esto es, el Buda del futuro; el de Hemis, colgado de las montañas sobre el río; o el de Matho, el único que sigue la corriente Sakya del budismo tibetano
Y recuerda tomártelo con calma las 24 primeras horas para adaptarte al mal del altura. Bebe un montón de líquido; te recomendamos el energizante té de jengibre, que hace maravillas.