Perú, Máncora

Hotel Kichic

El que fue el propio hogar de sus propietarios, donde criaron a sus cinco hijos, es una reformulación como hotel de ese ambiente feliz junto a la playa que ellos vivieron durante más de diez años. La propuesta es por tanto personal y divertidamente ecléctica.

Construido con piedra local y maderas recuperadas, en un mismo ambiente combina elementos de distintas épocas y distintos estilos, así como texturas y colores contrapuestos. El jardín es un exquisito vergel en un entorno relativamente árido y lo mejor es la forma en que se desarrolló.

A las palmeras de Sullana, los algarrobos y los overales plantados hace más de 30 años, se fueron sumando las plantas que el viento primero como semillas y otras que se plantaron a propósito, como el bosquecillo de neemes alrededor de la sala de yoga, un potente insecticida natural. Por cierto, la palabra ‘Ki’ significa “vitalidad” en japonés. Pue eso, vayamos al Kichic a reponer la batería.