Tomando como base las haciendas convertidas en hoteles boutique de la península del Yucatán, te proponemos salir del mix playa y sol por un rato. Antes de esos merecidos días de relax queremos que descubras la riqueza caleidoscópica de este territorio donde se funde el mundo prehispánico y la herencia colonial en ciudades y pueblos con otro tempo vital (Mérida, Valladolid, Izamal…). Donde su refrescante gastronomía te deja atónito a cada bocado (saborea los panuchos, los tacos de cochinita pibil, el agua de chaya, la sopa de lima…). Y donde un baño en las aguas dulces de los cenotes llega a purificar tu alma (prueba el ritual de purificación maya).
Los yacimientos de Chichén Itzá –“la boca del pozo de los brujos de agua” en idioma maya, ya abandonado cuando llegaron los españoles– y de Uxmal –con su fascinante sistema de almacenamiento de agua a través de los ‘chultunes’ y ‘bukteoobobs’– te mostrarán el pasado esplendor del imperio maya, y las mencionadas haciendas, la inesperada riqueza que trajo la explotación de la industria henequenera, dedicada a la producción de la fibra del sisal. De tantas emociones nos acordaremos a orillas del mar, para disfrutar del cóctel perfecto de descanso y más descanso.
Itinerario
Día 1 - Madrid -Cancún
A la hora prevista, presentación en el aeropuerto de Madrid Barajas para volar directo a Cancún.
Cancún suele aparecer en todas las listas de destinos de ensueño del Caribe mexicano. Sus playas infinitas y resorts de cinco estrellas han convertido la ciudad en un imán turístico desde hace décadas. Sin embargo, lo que de verdad hace atractivo el inicio de un viaje allí no es tanto el lugar en sí como la comodidad del vuelo directo desde Madrid, que evita escalas largas y facilita aterrizar al otro lado del Atlántico en menos de 11 horas.
La realidad es que se llega tarde y lo más sensato suele ser pasar la primera noche en Cancún antes de seguir camino. Y es justo ahí donde conviene resistirse a la tentación de quedarse: lo mejor está fuera. Desde las playas tranquilas de Holbox hasta los cenotes escondidos en Yucatán o los pueblos coloniales como Valladolid e Izamal, la península ofrece una riqueza cultural y natural que eclipsa la fachada más turística de Cancún.
Día 2 - Cancún - Cobá
Tras el desayuno, os espera un trayecto de unas dos horas hasta llegar al siguiente destino.
La mañana podéis dedicarla a recorrer una antigua ciudad maya, rodeada de selva y con pirámides monumentales que aún hoy ofrecen vistas espectaculares desde lo alto. La mejor forma de moverse por el yacimiento es en bicicleta, lo que permite descubrir templos y estelas con mayor libertad.
Después, nada mejor que refrescarse en alguno de los cenotes de los alrededores: cuevas subterráneas de aguas cristalinas, a distintas profundidades, donde nadar, bucear o simplemente dejarse sorprender por las formaciones de roca que las enmarcan.
Día 3 - Coba - Mérida
Tras amanecer en la selva, la carretera lleva hacia el norte con una parada en Valladolid, quizá la ciudad más fotogénica del interior de Yucatán. Sus calles empedradas, fachadas de colores y plazas arboladas invitan a caminar sin prisa, tal vez con un chapuzón en un cenote cercano para aliviar el calor.
Después, el viaje continúa hacia Mérida, la capital cultural de la península. La llegada al atardecer revela una ciudad de plazas animadas, arquitectura colonial y un aire cosmopolita que contrasta con el silencio de Cobá. Desde aquí, la aventura se abre en múltiples direcciones: ruinas mayas, cenotes ocultos y haciendas históricas, todo a un paso de la ciudad blanca.
Día 4 - Mérida
Mérida no es solo una ciudad vibrante; también es la base perfecta para explorar los tesoros del Yucatán más auténtico. A menos de una hora y media, Uxmal se alza majestuosa en plena ruta Puuc: un conjunto arqueológico que deslumbra por la elegancia de sus templos, menos concurrido que otros y con un aura intacta entre selva y piedra.
De regreso, nada mejor que detenerse en alguno de los cenotes de la región. Cada uno es distinto: abiertos como lagunas rodeadas de vegetación o escondidos bajo bóvedas de roca, con aguas de un azul imposible donde el baño se convierte en un auténtico ritual.
Volver a Mérida al final del día significa recuperar la vida urbana tras la inmersión en historia y naturaleza. Un equilibrio perfecto entre ciudad y escapadas que hacen de la capital yucateca un lugar estratégico para descubrir la península.
Día 5 - Mérida - Espitá
Desde Mérida, la ruta hacia el interior conduce a un pueblo tranquilo rodeado de haciendas y naturaleza. Allí, una casona restaurada se convierte en destino en sí misma: amplios corredores, jardines tropicales y un ritmo pausado que invita a desconectar del mundo exterior.
El viaje deja de ser solo movimiento para transformarse en experiencia. Entre paredes con historia y un entorno sereno, lo más tentador es no hacer nada: leer bajo la sombra de los árboles, flotar en la piscina o dejarse llevar por el silencio rural. Más que una escala, es una pausa deliberada en medio de Yucatán.
Día 6 - Espitá - Holbox
Desde el interior de Yucatán, la carretera conduce hasta Chiquilá, un pequeño puerto donde se deja atrás el coche para embarcar rumbo a otra dimensión. En apenas media hora de ferry, el continente queda atrás y se abre Holbox: una isla sin asfalto, de calles de arena y ritmo lento.
Los días aquí transcurren entre playas infinitas, aguas poco profundas que brillan con tonos turquesa y paseos al atardecer cuando el cielo se enciende sobre el mar. Es un lugar para bajar las revoluciones y dejar que el tiempo se diluya, sin más agenda que la de disfrutar de la naturaleza y la calma.
Día 7 y 8 - Holbox
Días libres para disfrutar de las playas.
Día 9 - Holbox - Cancún - Madrid
Hoy volveréis de vuelta a «tierra firme» para volver a Cancún y tomar el vuelo de regreso a Madrid.
Noche a bordo.
Día 10 - Madrid
Llegada. Snif…