La gran capital del país es una ciudad donde todo es una sorpresa, un misterio y una continua diversión. Por su frenesí urbano, por sus contrastes permanentes entre las ondas tradiciones y la híper modernidad y por unos códigos culturales que exigen años de estudio in situ para empezar a atisbar una ráfaga de conocimiento. Porque tienen sus cosas, desde luego, pero a cambio sonríen, son híper educados, impolutos y por lo general muy amables. Así que vas a andar feliz por las calles aunque no te enteres de la misa la media. Y siempre está la magia de Google Maps para indicarte el camino al detalle.
Tokio también va por barrios. El distrito de Shinjuku es el corazón salvaje de la ciudad, donde convive todo junto el barrio rojo de Kabuchiko, el “callejón del pis” (donde comer excelentes yakitoris) y el mazacote de edificios del Ayuntamiento. Ginza es la zona comercial por excelencia de Tokio, donde existe una “lucha” entre las marcas premium por ver cuál exhibe la fachada más espectacular en sus tiendas. Un espectáculo similar en Omotesando. El barrio de Asakusa ofrece esa síntesis tan única de Japón entre lo antiguo y moderno. Y no nos podemos despedir de Tokio sin ver el atardecer desde la isla artificial de Odaiba, hecha de basura compactada en la bahía de Tokio.
Itinerario
Día 1 - Tokio
Tokio en 48 horas es un torbellino de contrastes, y la clave está en combinar la tradición más solemne con los destellos tecnológicos y creativos de la ciudad.
El primer día comienza en Asakusa, uno de los barrios que mejor conserva el aire del viejo Edo.
El templo Sensō-ji, con su gran linterna roja en la puerta Kaminarimon, marca la entrada a Nakamise-dori, una calle vibrante llena de tenderetes donde se pueden probar dulces japoneses o comprar recuerdos tradicionales. Después de recorrer sus galerías, merece la pena dar un paseo hasta el río Sumida y contemplar la silueta futurista de la Tokyo Skytree. Para el almuerzo, nada mejor que un plato de tempura o anguila a la parrilla en alguna de las casas de la zona, como Daikokuya.
La tarde está reservada a una experiencia inmersiva de arte digital. Tanto teamLab Planets, en Toyosu, como el renovado teamLab Borderless, en Azabudai Hills, ofrecen instalaciones donde el visitante camina entre luces en movimiento, espejos infinitos y proyecciones que parecen vivas. Es un espectáculo sensorial único en el mundo.
Al caer la noche, Shinjuku despliega toda su energía con callejones de izakayas diminutas en Omoide Yokocho o Golden Gai. Un buen cierre del día es subir al mirador del Tokyo Metropolitan Government Building para contemplar el océano de luces que cubre la metrópolis.
Día 2 -
La segunda jornada comienza en Ueno, donde el parque reúne museos de referencia como el Museo Nacional de Tokio o el Museo de Arte Occidental, declarado Patrimonio Mundial. Muy cerca se extiende Ameya-Yokochō, un mercado callejero con un ambiente bullicioso y puestos donde probar desde yakitori hasta dulces locales. Tras un almuerzo rápido en Akihabara, la meca del manga, el anime y la electrónica, el viajero puede sumergirse en sus tiendas de varias plantas y, si se atreve, en algún extravagante maid café.
Por la tarde, Shibuya ofrece uno de los símbolos contemporáneos de Tokio: su cruce multitudinario, seguido de la visita al mirador Shibuya Sky, donde el horizonte de rascacielos cobra todo su protagonismo al atardecer.
La cena puede ser en un izakaya moderno o en un sushi bar de atmósfera cosmopolita. Y si todavía quedan fuerzas, Kabukichō, en Shinjuku, se convierte en el escenario final, con sus neones, karaokes y bares abiertos hasta altas horas.
** Este itinerario combina perfectamente con el resto de los de Japón.