El norte, un paisaje de ‘haiku’

Descubre la región histórica de Tohaku para revivir el pasado medieval de Japón. Ryokans y balnearios servirán de descanso mientras descubrimos las prefecturas septentrionales de la isla central del país, una de las zonas menos frecuentadas por el turismo pero igualmente accesible.

Esconde entre montañas el balneario de Ginzan Onsen, valles cubiertos de bosques que estallan de color en otoño y campos de cerezos que al florecer causan estupor. Se peregrina a montañas sagradas y es también un territorio samurái, con gran variedad de castillos y santuarios en ciudades medievales como Hiraizumi, Yamadera o Izu Wakamatsu. También habrá tiempo para descubrir la siempre fascinante Tokio, nuestro punto de partida y llegada.

Planes

DISEÑADOS PARA DISFRUTAR DE ESTE DESTINO

Primera parada: Sendai

A la llamada “ciudad de los árboles” le da porte su castillo feudal y el santuario Osaki Hachimangu, lacado en negro. También cuenta con un hito de la arquitectura contemporánea: la arbolada mediateca de Toyo Ito.

Navegación de cuento

Tras conocer el santuario marino de Shiogama y comer el marisco más fresco en uno de sus restaurantes, surcaremos las aguas de la bahía de Matsushima, un escenario salpicado de diminutos islotes blanquecinos pobladas de pinos. Japón, definitivamente, es un escenario de leyenda

Jardín de “tierra pura”

No aguarda por la mañana la ciudad histórica de Hiraizumi y el templo de Motsu-ji, con uno de los pocos jardines de «tierra pura» que quedan en Japón (y declarado Patrimonio Mundial por la Unesco junto a otros monumentos de la ciudad). Se basa en la idea del paraíso budista: un estanque amplio y sereno rodeado por un sendero circular.

El balneario de la montaña de plata

Ginzan Onsen es el siguiente destino. La primera palabra significa montaña de plata –en origen fue un centro minero– y la segunda, baños termales, en relación con las aguas mineromedicinales que brotan en los alrededores y surten su río. A lo largo de este se agolpan pequeños y acogedores ryokans, hoteles tradicionales de madera donde se duerme en el clásico futón y la etiqueta es un kimono.

Peregrinación budista

En Furukuchi nos aguarda una embarcación para recorrer el río Mogami y, al atracar, alcanzar el monte sagrado de Haguro (nacimiento), cuyo santuario es lugar de peregrinación junto a las montañas de Gas-san (muerte) y Yudono-san (renacimiento), que se visitan en ese orden.

Quietud y silencio

En Yamadera visitamos el templo Hōjusan Risshaku-ji, uno de los más importantes de la región de Tohoku, fundado en el año 860. Este entorno inspiró al poeta Matsuo Basho, en el siglo XVII, profundos haikus sobre la quietud y el silencio. Su estatua atrae a muchos admiradores de su obra.

Cultura samurái

Conoceremos también una antigua residencia de samuráis, los señores feudales que dominaron el país desde el periodo Sengoku (siglo XV) hasta la restauración del poder del emperador en el XIX. La siguiente parada, el castillo de Tsuruga, tiene un halo de leyenda al soportar al borde del derribo un mes de asedio, que concluyó con el suicidio de los jóvenes samuráis que lo defendían.

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