Yukón. A la caza de la aurora boreal

En la Grecia clásica, Aurora (o mejor, Eos) era una diosa titánide de larga cabellera encendida que, con sus dedos rojos, abría las puertas del infierno para permitir que su hermano el sol diera la vuelta al mundo cada día. Mágicas y también muy reales son las auroras boreales, que recorren los cielos árticos haciéndonos pensar que alguna compuerta celeste se hubiera entreabierto para dejar colarse sobre el firmamento las estelas de luces verdes, celestes y rojas. En pocos puntos del planeta como en el nordeste canadiense se observa con tan diáfana belleza –y desde tan pronto como finales de agosto– este espectáculo inolvidable provocado por las tormentas solares.

Dormirás en la célebre milla 918 de la carretera hacia Alaska. Ojo a las temperaturas invernales (entre –10 y –30 grados). Muchos viajeros relatan cómo sienten literalmente que los pantalones se acartonan y congelan según descienden del avión. En una región que cada verano baila bajo el sol de medianoche y cada invierno se entrega a carreras de trineos, podrás visitar una reserva de bisontes y alces heridos, ver a los osos campar a sus anchas por los alrededores y explorar el cañón Miles.

Itinerario

Día 1 - Madrid – Whitehorse

El vuelo intercontinental lleva hasta Whitehorse, capital del Yukón, a orillas del río que da nombre al territorio.
La ciudad nació como puesto clave en la fiebre del oro del Klondike y conserva aún algo de aquel aire de frontera.
El SS Klondike, barco de vapor atracado como museo, recuerda los tiempos en que estas embarcaciones conectaban comunidades remotas. Tras instalarse, conviene abrigarse y salir ya en la primera noche hacia las afueras, donde la contaminación lumínica es mínima. Con suerte, la aurora aparecerá como una cinta verde que danza en silencio.

Día 2 - Whitehorse y vida salvaje

Por la mañana se visita la Yukon Wildlife Preserve, un espacio de 700 hectáreas donde se recuperan bisontes, alces, caribúes y cabras de las Rocosas.
Los animales se observan en semilibertad, entre praderas y colinas nevadas. Muy cerca están las Takhini Hot Springs, aguas termales que permiten bañarse en exterior mientras el vapor dibuja columnas en el aire helado.
La tarde puede dedicarse a recorrer Whitehorse: la Main Street, con casas de madera, librerías y cafés; el Centro Cultural Kwanlin Dün, que acerca a la historia de las Primeras Naciones; o el MacBride Museum, que narra la épica de la fiebre del oro.
Después de cenar, otra salida a la intemperie: cada noche la aurora es distinta, más débil o más intensa, como un espectáculo que nunca se repite igual.

Día 3 - Whitehorse – Dawson City (530 km, 6–7 h)

La carretera Klondike Highway remonta bosques infinitos siguiendo el cauce del río Yukon.
En el camino aparecen señales de vida salvaje —osos negros, zorros, ciervos— y pequeños asentamientos mineros.
La llegada a Dawson City es un salto atrás en el tiempo: calles de tierra, fachadas de madera de colores, y el recuerdo vivo de la fiebre del oro de 1896. Aquí se puede visitar el Jack London Museum, con la cabaña donde vivió el escritor, o entrar en el Diamond Tooth Gertie’s Gambling Hall, un casino con shows de cabaret que mantiene la atmósfera del Oeste.
Al anochecer, se sube a la Midnight Dome, un mirador sobre el pueblo y el río Yukon, perfecto para observar la aurora boreal desplegándose sobre un horizonte infinito.

Día 4 - Dawson City – Milla 918

Desde Dawson se conduce hacia el norte por la Alaska Highway, hasta alcanzar la célebre milla 918, hito mítico de una carretera que atraviesa territorios extremos. Aquí se duerme en un lodge rústico rodeado de bosque boreal, lejos de toda gran población. Es un lugar donde el silencio solo se interrumpe por el crujido de la nieve y el aullido de los perros de trineo. En el exterior, el cielo es tan oscuro que la Vía Láctea parece cercana, y cuando la aurora se manifiesta lo hace con una claridad sobrecogedora, como un río de luz que desciende hacia el horizonte.

 

Día 5 - Regreso a Whitehorse – Cañón Miles

El viaje de regreso a Whitehorse permite detenerse en el cañón Miles, donde el río Yukon se estrecha en un desfiladero dramático.
En invierno, el hielo se acumula en las paredes mientras el agua sigue corriendo con fuerza. Se puede caminar por pasarelas suspendidas que ofrecen vistas espectaculares. Ya de vuelta en Whitehorse, la tarde es libre para recorrer tiendas locales de artesanía ártica, probar la cocina del norte (desde salmón ahumado hasta guisos de caribú) o descansar en un café con estufa de leña.
Una última salida nocturna puede deparar una nueva aurora, esta vez sobre el propio cauce del río congelado.

Día 6 - Excursión al Parque Nacional Kluane

A dos horas al oeste de Whitehorse se encuentra el Parque Nacional Kluane, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco.
Es hogar del monte Logan (5.959 m), la montaña más alta de Canadá, y de un conjunto de glaciares que forman la mayor extensión de hielo fuera de los polos. Se pueden hacer rutas con raquetas, paseos en trineo de perros o vuelos escénicos en avioneta que sobrevuelan campos de hielo interminables.
El regreso puede incluir una parada en Haines Junction, un pequeño pueblo de frontera rodeado de picos nevados.
La última noche bajo el cielo del Yukón ofrece la despedida perfecta: una aurora que se despliega sobre el horizonte montañoso.

Día 7 - Whitehorse – Madrid

Vuelo de regreso.
En la memoria queda un mosaico de experiencias: el silencio gélido de la milla 918, los salones de Dawson City, los glaciares de Kluane y, sobre todo, las noches en que el cielo ártico se abrió en cortinas de luz que parecían respirar.

Día 8 - Madid

Llegada.

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Silencio: la aurora boreal ilumina el cielo

Cada noche, muy bien abrigados, en torno a las 22:00, nos trasladaremos a una bucólica cabaña en medio del bosque donde esperar, a la luz de las velas y entre tés y bebidas calientes, sus fabulosas luces tornasoladas. Presenciar el baile de estelas fluorescentes, púrpuras, amarillas y verdosas tiene algo de ultraterreno.

Baño al aire libre en Takhini Hot Pool

Prueba a sumergirte en la piscina al aire libre de este centro termal rodeado de planicies nevadas mientras las temperaturas del exterior caen bajo cero y las de estas aguas se conservan a unos gozosos 41 grados. Un contraste muy saludable!

Trekking por el paisaje helado

Equipados con raquetas de nieve ligeras y modernas, caminaréis por la nieve con la posibilidad de localizar el perfecto spot de pesca. De esta forma recorreréis el interior de la provincia de Yukón admirando sus espectaculares paisajes salvajes.

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