El camino de los reyes en el Rajastán

Rajpath (esto es, “el camino de los reyes”) es una de las principales avenidas de Nueva Delhi. De carácter ceremonial, marca nuestra salida hacia el desierto y los distintos reinos del histórico estado de Rajastán, donde nos liberaremos del absorbente caos de la capital india para dar paso a otra luz, otro ritmo y a embriagadoras sensaciones. El destino final será Jaisalmer, la «ciudad dorada». Asomada al borde del desierto del Thar y subida a la cresta de una roca arenosa, aún conserva los fumaderos de opio, las mansiones (‘havelis’) de los ricos mercaderes de caravanas y su magnífico fuerte de 99 torres. Pero no es un vestigio del pasado: sigue habitada por miles de familias, cuyas mujeres se pasean con saris de vivos colores –verde, rojo, amarillo, rosa– en un impactante contraste con el árido entorno.

Habremos llegado desde Jodhpur, con sus casas azules apiñadas en torno a otro imponente fuerte –es la tierra de la casta de los guerreros chatrías–, y previamente desde Udaipur, suntuosamente volcada sobre el peliculero lago Pichiola. Pushkar habrá sido otro oasis, pero de carácter recogido, nada ostentoso, pues es una ciudad santa (y vegetariana). Rodeada de áridos roquedos, creció en torno a un lago cristalino al que bajan 52 ‘ghats’, las escalinatas donde los devotos hinduistas se limpian el alma. Y como prolegómeno previo, las míticas e inconmensurables Agra y Jaipur.

De vuelta del confín del desierto a Delhi aguardan dos ciudades con menos renombre pero que bien podrían ser las estrellas principales, por su porte e historia, de cualquier otro viaje. Nos referimos a Bikaner y Mandawa. La primera exhibe otra fortaleza de primer orden, el fuerte de Junagarh, y es el mayor centro de doma de camellos de la India, una animal indispensable para poner rumbo, cargados de piedras preciosas y especias, hacia la Ruta de la Seda. Mandawa, hoy en horas bajas, era otro importante centro comercial, que queda reflejado en sus numerosas mansiones, las mencionadas ‘havelis’. Protegidas del exterior por sus grandes puertas de madera de teca, son otro maravilloso oasis, aunque urbano.

Planes

DISEÑADOS PARA DISFRUTAR DE ESTE DESTINO

Duerme en un histórico ‘haveli’

El ‘haveli’ es la réplica india al ‘riad’ marroquí. Es la casa de un rico comerciante de varias plantas con un gran patio en medio (tipología muy andaluza también) y con una riquísima decoración en cada esquina, empezando por la puerta de entrada, ricamente tallada, y los coloridos frescos de las paredes. Muchos sobreviven hoy como preciosos y acogedores hoteles ‘boutique’.

Tras las huellas de 'Sherekhan'

Situado a las afueras de Jaipur, Ranthambore es uno de los parques nacionales más extensos de la India y uno de los mejores espacios para contemplar al rey de la selva en la India: el tigre de Bengala, el felino más grande del mundo. Su proliferación dentro de sus límites ha sido una historia de éxito poblada de múltiples obstáculos.

Safari en el desierto

El límite natural del Rajastán –y frontera entre India y Pakistán– es el desierto del Thar, una gigantesca extensión de dunas y matorrales, con pueblos dispersos de casas de adobe. Las excursiones por este vasto paisaje, dentro de los límites del parque nacional del Thar, pueden durar desde unas horas hasta cuatro días y parten de la ciudad dorada de Jaisalmer.

El legado del jainismo

Es una de las religiones más antiguas del mundo (aunque no sabemos muy bien si llamarla así) y aún sobrevive en la India a la sombra del hinduismo con pocos pero muy influyentes miembros. Su presencia a lo largo de la historia y su práctica de la no violencia queda reflejada en múltiples testimonios arquitectónicos y de otro tipo en el Rajastán, sobre los que hablaremos en detalle, particularmente en Ranakpur, otro de los altos de la ruta.

Un paraíso de las aves

Antiguo coto de caza de patos de los majarás, el parque nacional de Keoladeo, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco, es una de los más importantes lugares de invernada para un sinfín de aves acuáticas que emigran desde Afganistán, Turkmenistán, China y Siberia. Entre las 364 especies registradas figuran algunas tan poco comunes como la grulla siberiana.

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