El profundo sur – República Dominicana distinta
La playa más bonita de República Dominicana no es desde luego playa Bávaro. Hay que mirar hacia el otro extremo del país, al llamado “profundo Sur”, donde el arenal blanquísimo de Bahía de los Ángeles forma una curva perfecta, la ausencia de civilización es máxima y hasta la intensa humedad caribeña llega a dar un respiro (la ausencia de vegetación en los alrededores es elocuente). Con todos estos ingredientes, normal, el título es suyo. Nadie lo discute entre los lugareños.
Es también una de las costas coralinas de todo este cálido mar mejor conservadas, en cuyas aguas turquesas uno se imagina muy felices a los manatíes antillanos y a las tortugas carey. Ladera arriba los campos agrícolas van ganando en feracidad y producen algunos de los aguacates y mango más ricos de todo el mundo (de verdad, no exageramos). Hay asimismo cerrados bosques donde suena la música de la naturaleza en calidad estéreo y en Cabo Rojo los caminos se tiñen de óxido en fuertísimo contraste con la blanquecina piedra caliza. Le sobran atributos y esa puede ser precisamente su perdición. Así que cuanto antes vayamos, mejor.
¿Respecto al transporte? A este territorio que se reparten los municipios de Barahona y Pedernales se llega en tres horas en coche desde Santo Domingo, que se hacen cortas. Serpenteando entre la costa y la montaña atravesaremos el único viñedo del país (prescindamos de su vino, no así de su paisaje), las ondulantes dunas de Baní y abruptas playas que son muy codiciadas por la tribu ‘surfer’.
Itinerario
Día 1 - Madrid - Santo Domingo
Vuelo desde España y llegada al Aeropuerto Internacional de Las Américas, en Santo Domingo.
Traslado al hotel en la Zona Colonial, corazón histórico de la ciudad.
Primera toma de contacto con calles empedradas, casas coloniales y plazas donde resuena la bachata. Cena ligera al aire libre, quizá en la Plaza de España, con vistas al Alcázar de Colón.
Día 2 - Santo Domingo - Baní - Barahona
Recogida del coche de alquiler y salida hacia el sur (unas 3 h).
En el camino, parada en las dunas de Baní, un paisaje insólito de arena dorada junto al mar. También se atraviesa el único viñedo del país, más curioso que memorable.
Llegada a Barahona, donde el Caribe aún mantiene un aire virgen y auténtico, llamada la “Perla del Sur”, es una ciudad portuaria situada en la costa suroeste del país. Es una joya ecológica poco explorada, donde convergen múltiples paisajes: playas vírgenes, montañas boscosas, lagos interiores y ríos cristalinos.
Día 3 - Barahona
Día para explorar playas cercanas: San Rafael, de fuerte oleaje y un río que desemboca creando pozas naturales; El Quemaito, más tranquila y con arena oscura; y Los Patos, donde el río más corto del Caribe se mezcla con el mar.
Almuerzo en chiringuitos de pescado fresco.
Por la tarde, recorrido por plantaciones de café y cacao en las montañas.
Día 4 - Barahona y alrededores
Hoy toca un cambio de paisaje total: del Caribe al interior.
A una hora de Barahona está el Lago Enriquillo, el mayor del Caribe, situado 40 metros bajo el nivel del mar. Sus aguas salobres albergan cocodrilos americanos, iguanas rinoceronte y flamencos rosados. Paseo en barca hasta la Isla Cabritos, corazón del parque nacional.
Después, subida hacia la Sierra de Bahoruco, un bosque húmedo sorprendente en contraste con la aridez del lago. Caminatas guiadas entre orquídeas y aves endémicas como la cotorra y el barrancolí.
Día 5 - Barahona - Pedernales
Carretera panorámica hasta Pedernales (unas 3 h), con paradas en miradores espectaculares.
Llegada a Cabo Rojo, donde el camino se tiñe de rojo óxido por la piedra y los acantilados calizos. Desde allí, lancha hacia Bahía de las Águilas, considerada una de las playas más vírgenes y hermosas del Caribe: 8 km de arena blanca, aguas turquesa sin hoteles, ni vendedores, ni nada que perturbe el paisaje. Picnic bajo una carpa y horas libres para nadar, caminar o simplemente contemplar. Noche en Pedernales o en un ecolodge cercano.
Día 6 - Pedernales
Exploración más profunda de la zona de Pedernales, donde la frontera con Haití está a un paso. Opciones:
Caminata hasta la Laguna de Oviedo, un humedal salobre con 24 cayos, donde anidan aves migratorias y se ven iguanas.
Visita a comunidades locales que viven de la pesca artesanal y la agricultura. Allí, la hospitalidad se traduce en compartir un plato de pescado con arroz y plátano frito bajo un cobertizo frente al mar.
Al atardecer, paseo por el pueblo de Pedernales, con ambiente tranquilo, calles polvorientas y niños jugando al béisbol, el deporte nacional.
Día 7 - Pedernales - Barahona
La carretera de vuelta regala una de las rutas más panorámicas de todo el Caribe, con el mar siempre a un lado y la selva al otro. A lo largo del camino se puede parar en varios miradores naturales como los de Paraíso o Ojeda, donde el contraste del azul intenso del mar con el verde de la montaña resulta hipnótico.
Uno de los altos más especiales será en la comunidad de La Ciénaga, cuna del larimar, una piedra semipreciosa azul turquesa que solo existe en esta región del mundo. Allí se pueden visitar pequeños talleres artesanales, donde los mineros y joyeros locales muestran el proceso completo: desde la extracción en la mina de Los Chupaderos, hasta el pulido y la transformación en anillos, collares o piezas decorativas.
Día 8 - Barahona - Santo Domingo
Traslado de vuelta a la capital (3,5 h).
Si el horario lo permite, paseo final por la Zona Colonial de Santo Domingo: el Convento de los Dominicos, la Catedral Primada de América o la Fortaleza Ozama.
Devolución del coche y vuelo internacional de regreso.
Dia 9 - Madrid
Llegada.