Japón es un país eminentemente portuario, cuya escasez antaño de alimentos en el abrupto interior le abocó a vivir intensamente del océano circundante. Producto de esa necesidad, nació una cultura marinera con sus códigos propios que proponemos descubrir en una ruta desde Osaka hasta la isla volcánica de Kyushu y vuelta. Pero esta inmersión en el Japón más meridional depara otras muchas experiencias, igual de únicas.
La primera parada será Hirsohima, para hacer la visita ineludible al parque del Memorial de la Paz, donde están escritos los nombres de todas las víctimas conocidas de la bomba atómica (fueron cerca de 300.000). Iremos a continuación a la isla de Miyajima, declarada Patrimonio Mundial por la Unesco, donde comer ostras a la brasa y contemplar su puerta o ‘tori’ flotante sobre el mar de Seto, cuya contemplación en marea alta tiene una mística única. Naoshima es la «isla del arte», nombre que recibe por sus museos únicos, las instalaciones artísticas sobre el paisaje y por la poesía del hormigón de Tadao Ando.
Habrá que conocer antes o después Kurashiki, la conocida como «Venecia japonesa», un sobrenombre quizá un poco exagerado. Lo cierto es que Kurashiki significa «ciudad de los almacenes» y no por nada, pues fue una próspera ciudad portuaria volcada en el negocio del arroz primero y luego de los textiles. Concentrados en el histórico barrio de Bikan, esos almacenes son hoy museos, cafés y galerías.
Fukuoka, con sus 2.000 años de historia, es la capital de Kyushu y la puerta de entrada a Asia (Corea y China) y a la cultura occidental en tiempos de disputa por el control de las rutas transoceánicas entre Portugal y Holanda. Bordearemos las faldas del volcán Unzen, uno de los más activos del mundo, y nos acercaremos a contemplar la delicada cerámica de Amari, entre otros muchos planes como los que descubrirás en esta página.
Itinerario
Día 1 - Osaka – Hiroshima
El tren bala recorre en apenas hora y media el trayecto hasta Hiroshima.
La ciudad es hoy moderna y vibrante, pero su alma se encuentra en el Parque Memorial de la Paz. Allí, el Museo de la Paz explica con crudeza lo sucedido en 1945 y, al aire libre, la Cúpula de la Bomba Atómica, el Cenotafio y la Llama de la Paz recuerdan a las cerca de 300.000 víctimas.
Después de este recorrido necesario, se puede pasear por la avenida Heiwa-odori o acercarse al castillo reconstruido, rodeado de un foso donde en primavera florecen los cerezos.
La cena pide un okonomiyaki estilo Hiroshima, en capas y con fideos, en locales como Okonomimura.
Día 2 - Hiroshima
Excursión de día a Miyajima.
En media hora se alcanza la isla de Itsukushima.
El gran torii rojo que emerge del mar de Seto es una de las imágenes más célebres de Japón, y cambia con cada marea.
El santuario de Itsukushima, construido sobre pilotes de madera, completa un paisaje de espiritualidad y agua. En las calles cercanas se asan ostras a la brasa, auténtico sabor de la isla, y se venden dulces momiji manju. Quien disponga de tiempo puede ascender en teleférico al monte Misen para ver las islas esparcidas por el mar interior.
Por la tarde, regreso a Hiroshima.
Día 3 - Hiroshima – Naoshima
Desde Hiroshima, el tren conduce a Okayama y desde allí el ferry cruza hasta Naoshima, la isla del arte.
El Chichu Art Museum de Tadao Ando alberga obras de Monet, Turrell y De Maria en espacios de luz natural.
Esculturas de Kusama o Niki de Saint Phalle sorprenden en la costa, mientras que en el Art House Project casas tradicionales se convierten en instalaciones contemporáneas.
Es un día para caminar despacio y dejar que el arte dialogue con el paisaje marino.
Día 4 - Naoshima – Kurashiki
De regreso en ferry y tren, la ruta continúa hacia Kurashiki. El barrio de Bikan, con canales, almacenes encalados y tejados negros, fue centro del comercio del arroz y después de la industria textil. Hoy los kura se han transformado en museos, cafés y tiendas de artesanía. El Museo Ohara conserva piezas de Monet, El Greco o Gauguin, y los paseos en barca ofrecen otra perspectiva de la ciudad. El ambiente es relajado y pintoresco, ideal para un paseo nocturno entre faroles encendidos.
Día 5- Kurashiki – Fukuoka
El shinkansen cruza bajo el estrecho de Kanmon y entra en Kyushu. Fukuoka, abierta al mar y a Asia, es una ciudad vibrante.
Sus templos zen como Shofuku-ji conviven con modernos centros comerciales y un puerto activo.
De noche, los yatai se llenan de comensales en busca del tonkotsu ramen, especialidad local, y otras tapas japonesas que se disfrutan en mesas compartidas. Es una experiencia callejera que resume el espíritu acogedor de la ciudad.
Día 6 - Excursión al monte Unzen y Arita
Desde Fukuoka se parte hacia el volcán Unzen, uno de los más activos del país.
Sus fumarolas, aguas termales y cráteres humeantes forman un paisaje de energía telúrica. La visita recuerda también episodios históricos, cuando los cristianos perseguidos en el siglo XVII fueron martirizados en sus aguas hirvientes. El día prosigue en Arita, cuna de la porcelana japonesa, cuyos talleres y hornos llevan más de 400 años activos.
Sus piezas delicadas, en azul y blanco, conquistaron Europa y aún hoy son símbolo de refinamiento.
Tras recorrer sus calles y museos, regreso a Fukuoka para la última noche.
**Este itinerario concuerda perfectamente con cualquiera de Japón.